jueves, 30 de marzo de 2017

"Deluxe", Harmonia, 1975, Brain

El segundo álbum de Harmonia es una delicia. En lo que cabría pensar como el "lado apolíneo" (hablando en términos generales, para nada rigurosos o detallistas) del Krautrock (y es inevitable pensar en Amon Düül II como la contraparte dionisíaca) aparece también como una de las obras más amables con el usuario, más "fáciles" de escuchar, digamos, tanto de esa zona vastísima e inagotable de la Kosmische Musik alemana de los setentas como de la discografía de sus creadores. Por supuesto que no hay ni por asomo una pérdida de calidad o interés en relación a ese juicio, y basta con escuchar la segunda mitad del lado A, "Walky Talky", para encontrar un territorio en apariencia inagotable, cuya pauta de cambio y repetición no sólo logra capturar de inmediato la atención del oyente sino que, a través de pequeñas sorpresas (la modulación a tonos menores pasada la mitad, por ejemplo, y su regreso a la tonalidad del comienzo hacia 7:33), crea un estado específico de atención, una manera de escuchar.
Algo similar, aunque en plan un poco más apacible y enfilado hacia un sonido más techno, suena en la pieza que abre el álbum, "Deluze (immer wieder)", que hacia 5:05 se acerca notoriamente al sonido de Kraftwerk en "Autobahn" (1974) y "Radio-Activity" (1975). En cualquier caso, "Deluxe" parece también un disco más vital o energético que su predecesor, acaso por el lugar un poco más preponderante al que se desplaza la guitarra de Michael Rother, tan notoria en las dos composiciones del lado A, más similares, si se quiere, al sonido de Neu! que al de la otra mitad de Harmonia, es decir Cluster.
De hecho, el lado B parece un poco más cercano a la banda de Roedelius y Moebius que a la de Rother y Dinger; "Monza", uno de los momentos más estremecedores del álbum, propone un ambiente intrincado y sugerente, que podría reclamar su lugar en discos posteriores de Cluster, "Grosses wasser" (1978) por ejemplo ; sin embargo, hacia un tercio de la composición estalla una base de bajo y batería rápida e intensa, que hace añicos el ambiente del comienzo e incorpora una variante más agresiva -y es fácil acá pensar en "Hero", del disco "Neu!'75"- de la melodía de "Deluxe (immer wieder)" y, desde ahí (hacia 4:26) el momento más fuerte y agresivo ("rockero") del álbum.
Las tres piezas que siguen, más breves, también incorporan una dinámica marcada: "Notre Dame", por ejemplo, cambia drásticamente de atmósfera hacia 1:15, cuando la secuencia acelerada del comienzo se pierde en un fade-out y quedamos sumidos (hasta el retorno de la figura incesante y ansioa hacia 3:30) en un ambiente apacible y luminoso. También "Gollum" propone una deriva, en tanto avanza desde un sonido más oscuro (a la vez que caricaturesco, como si se subrayara la relación de la pieza con el personaje de un relato para niños) hasta uno más vital y pujante.
Es posible, también, que el lado B sea el más rico en sonoridades y texturas, en oposición al ímpetuo más épico o vasto de las dos piezas del lado A. En ese sentido, "Gollum" puede estar entre lo más interesante del disco, y "Kekse", su cierre, como la pieza más engañosamente simple o trivial: escuchas sucesivas, es decir, permiten ir descubriendo detalles de fondo, sonidos que remedan entidades en un paisaje (es fácil pensar en ranas y grillos hacia 3:10, por ejemplo) y un ímpetu cinemático no del todo presente en el resto del disco, más abstracto si se quiere. De hecho, "Kekse" queda como un momento ligeramente atípico para "Deluxe", uno en que Cluster gana notoriamente la pulseada formateadora a Michael Rother, hasta el punto que sin duda la pieza habría encontrado su lugar en un disco como "Sowiesoso".

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