martes, 14 de marzo de 2017

"Kveldssanger", Ulver, 1996, Head not found

¿Se puede tocar metal sin batería, bajo y guitarras eléctricas cargadas de overdrive? La respuesta es un rotundo "sí" desde el segundo disco de Ulver, cuyo título traducido al castellano queda algo así como "Canciones del crepúsculo" y cuya música ofrece en líneas generales una única textura a lo largo de sus 35 minutos: aquella tramada por las guitarras acústicas y clásicas (grabadas unas sobre otras para generar la polifonía, ya que el guitarrista, Håvard Jørgensen, entonces no poseía la técnica necesaria para tocarlo de la manera más digamos "natural" para un intérprete clásico del instrumento), cellos y flautas, además de -y de manera especialmente característica o distintiva- la voz de Kristoffer "Garm" Rygg grabada y regrabada una y otra vez, en capas y armonía, para armar lo que aquí y allá suena como un coro. Es decir: la tensión, la precisión, la oscuridad, el drama y la épica del black metal están allí, por más que la instrumentación resulte atípica para el género.
El referente esencial, de todas formas, es el folkore musical noruego, pero la belleza de las melodías y los climas que se configuran en sus trece canciones hacen que "Kveldssanger" rebase todo intento de ser entendido desde un género musical. Acaso hay que buscar el apoyo de la ilustración de tapa para acercarse a una manera de caracterizar los climas logrados: una noche en un bosque silencioso, remoto en el tiempo y quizá en los mundos paralelos, donde alguien camina en soledad y atraviesa la oscuridad.
Siete de las composiciones son instrumentales -"Høyfjeldsbilde", "Kveldssang", "Naturmystikk", "Hiertets vee", "Halling", "Utreise" y "Søfn-ør paa alfers lund", aunque "Utreise" y "Halling" incluyen someramente voces humanas, sólo que vocalizando de manera no verbal- y siguen una estética única, con mínimas variaciones; en cualquier caso, "Hiertets vee" llama la atención por el sonido del viento incorporado a su final mientras que "Utreise" acaso sea la más emotiva o la más lograda desde un punto de vista melódico, a la vez que retiene cierta sencillez (tonal y estructural) especialmente interesante.
Entre las otras seis canciones, "Nattleite" ofrece una apuesta más fuerte por la incorporación de la voz humana a la composición, y por ello cuesta pensarla como un instrumental, pese a que la vocalización tampoco aquí es verbal. Pasa algo similar con "A Capella (Sielens sang)", en la que solo suenan voces humanas (en una armonía impecable) entonando la vocal "a".
Las composiciones con letras, entonces, son cuatro, y una de ellas -"Ord"- es más bien un apunte o bosquejo a capella de apenas doce segundos. Así, entre las tres piezas que quedan, acaso destacan especialmente "Østenfor sol og vestenfor maane", que abre el disco espléndidamente, y "Ulvsblakk", el cierre y, de paso, la única de las composiciones del disco que emplea alguna forma de percusión: timbales cargados de reverberación. Es interesante que esta pieza termine más o menos arbitrariamente, sin una resolución clara, con un fade out que se lleva un útimo solo de guitarra. Cabe pensar que de esta manera lo propusto por el disco se acerca más a un paisaje irreal o ideal: entramos y salimos de él, pero carece de límites.
De alguna manera Ulver invirtió la lógica dialéctica en sus primeros tres discos, generalmente aludidos como "The Trilogie – Three Journeyes through the Norwegian Netherworlde", y ofreció primero la síntesis ("Bergtatt", de 1995, que combinaba estructuralmente elementos black y doom metal con folk noruego) para luego dividir el sonido en su par de tesis y antítesis, con el black metal impecable concentrado en "Nattens Madrigal" (1996) y los paisajes folk y clásicos en "Kveldssanger". La actitud parece especialmente conceptual, y el desarrollo posterior del proyecto haría del black metal un elemento más en una complejísima y fascinante exploración musical.

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