martes, 18 de abril de 2017

"First rays of the new rising sun", Jimi Hendrix, 1997, Sony Music

No han sido pocos los intentos de responder (y lucrar con) la pregunta acerca de cómo habría sonado un álbum de estudio lanzado por Jimi Hendrix después de "Electric ladyland" (1968). La muerte del músico dejó, es sabido, una serie de grabaciones y otras tantas pistas bajo la forma de sus decisiones estéticas a la hora de armar una banda para tocar en vivo (la recogida en el álbum "Band of gypsies", de 1970, la ensamblada para la performance en Woodstock, llevada a CD en 1994 como el álbum "Woodstock", expandido en 1999 como "Live at Woodstock"), y en una fecha tan temprana como marzo de 1971  apareció "The cry of love", el primer álbum póstumo que intentaría apuntar a la dirección que tomarían los trabajos de estudio interrumpidos por la muerte. Siguieron "Rainbow bridge" (1971), "War heroes" (1972), "Loose ends" (1974), "Crash landing" (1975), "Midnght lightning" (1975) y "Nine to the universe" (1980), con las canciones más finamente acabadas en los primeros y poco más que jams y trabajos de edición y reconstrucción hacia el final. Un intento más completo fue llevado a cabo en 1995 para su publicación en CD, y así aparecio "Voodoo soup", un esfuerzo considerablemente más atendible que se mantuvo como la mejor colección de esa (fertil) etapa final de Hendrix hasta la aparición, en 1977, de "First rays of the new rising sun", que por su calidad de sonido (el remaster de 2010 es excelente) y por el cuidado orden elegido para las composiciones se convierte en algo así como el archivo definitivo de las últimas canciones de Hendrix, aunque en rigor tanto "South saturn delta" (1997) como "Valleys of Neptune" (2010) y "People, hell and angels" (2016) incluyeron material de las sesiones finales de grabación del músico (en rigor, "Valleys of Neptune" aporta regrabaciones de interés -llevadas a cabo en  1969- de canciones como "Fire", "Stone free" y "Red house"), sólo que con un criterio más de compilación de rarezas o curiosidades que de intento de crear un álbum coherente.
Así, "The first rays of the new rising sun" funciona casi a la perfección como posibilidad ucrónica;  sus casi 70 minutos de música fácilmente pueden pensarse como un LP doble, y así algunas líneas estructurales se vuelven evidentes. Dividiendo las canciones en cuatro grupos (de aproximadamente 20 minutos cada uno, como los lados del set doble de vinilos) queda claro que los dos primeros (el primer LP, digamos) es irreprochable en todos los sentidos y podría haber sido con derecho propio un álbum a la altura de "Are you experienced?" (1967). Su arranque -"Freedom"- delata al Hendrix más funk (una de las direcciones que notoriamente estaba tomando como compositor e intérprete) e inaugura el álbum con un riff sencillo y poderoso, pero hay lugar también para una balada -"Angel"- que no tiene nada que envidiar a lo mejor de "Axis: bold as love" (1967) y se inscribe cómodamente en la línea de "Little wing", "Castles made of sand" y "Bold as love", con sus desbordantes arreglos de guitarra rítmica/solista, ese trademark hendrixiano. Hay lugar también para una pieza sólida de rock/funk -"Izabella"- y un rock/pop lírico y luminoso -"Night bird flying"- que parece responder a (y mejorar) algunas zonas de "Electric ladyland" (1968), en particular "Rainy day, dream away" y "Gypsy eyes", y para un momento más psicodélico e interesante desde el punto de vista de las texturas - "Room full of mirrors"-, con una guitarra tratada cuidadosamente que no suena con el tono y la distorsión consabidos de Hendrix y parece hermanarse al solo de guitarra en "Tangerine", de "Led Zeppelin III" (1970).
El siguiente grupo de canciones -el lado B del primer LP, digamos- arranca con otro rock/funk poderoso -"Dolly dagger"- y sigue con dos momentos especialmente disfrutables, la rockera "Ezy Ryder" y la más atmosférica e hipnótica "Drifting", sin duda entre lo mejor del álbum con sus guitarras pasadas al revés y sus recursos de producción delicados y bellamente funcionales a la preciosa interpetación vocal de Hendrix (a quien hay que revalorar como cantante, por cierto). Este grupo queda cerrado por un instrumental -"Beginnings"- que aparece también en "Woodstock" y que ofrece un riff fácilmente vinculable a los de "Freedom", "Izabella" y "Dolly Dagger".
Este primer LP es, digamos, intachable. Las canciones suenan producidas con cierto esmero, el sonido está bien cuidado y el orden -que arranca cada sección con números roqueros y las cierra con piezas más atmosféricas- se siente coherente y adecuado.
No pasa  lo mismo con el resto de las canciones, la segunda mitad del CD o el segundo disco del posible set doble. No sólo porque no parece tan visible una división posible -cosa que en última instancia no tiene importancia ya que, en realidad, se trata de un CD y no de dos LP- sino porque el orden suena un poco más arbitrario o menos pensado, y, además, se nota que se trata de canciones menos trabajadas. Algunas habrían sin duda resultado obras maestras, pero en el estado en que quedaron, lamentablemente, no pasan de demos correctos que asombran por la promesa de lo posible. Es el caso de "Hey baby (new rising sun)" y, especialmente, "In from the storm"; si el primer disco (o mitad del CD, mejor) ofrece un panorama del Hendrix más funk, lo mejor de la mitad siguiente nos hace pensar en el Hendrix prog, el que podría haber evolucionado a partir de la fascinante "1983... (a merman I should turn to be)" de "Electric ladyland", especialmente a la hora de escuchar "Hey baby (new rising sun)", con su dramatismo, su oscuridad y su seguridad, que apenas quedan desmerecidas por la evidente naturaleza de ensayo o bosquejo de la grabación.
Esta segunda mitad incluye también rocks sólidos; el mejor acaso sea "Stepping stone" (el solo hacia 3:40 es impresionante: cada nota suena con una urgencia y una intensidad asombrosas), con la canción bluesera de rigor ("My friend", con Stephen Stills al piano) y la correcta pero poco deslumbrante "Straight ahead". El resto del disco parece rebuscar un poco más en el fondo del frasco, pero sin duda que "Astro man", con su parodia de la música consabida para un programa radial o televisivo sobre superhéroes, vale la pena como curiosidad -aunque quizá habría sido mejor relegarla para otro disco, uno más pensado en tanto compilado, sin pretensiones de recreación de álbum. Lo mismo podría decirse de "Earth blues", aunque su nivel de producción es superior (hay overdubs de guitarra, por ejemplo) y el blues tierno "Belly button window", escrito, se cuenta, para el hijo aún no nacido de Mitch Mitchell.

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