sábado, 22 de abril de 2017

"Strange days", The Doors, 1967, Elektra


Si bien menos heterogéneo que su predecesor (y en ese sentido un poco más pobre), el segundo álbum de The Doors (cuya grabación se nutrió de piezas compuestas en los primeros momentos de la banda, previos a la grabación de "The Doors", de 1967, lo cual por momentos parece sugerir que lo mejor fue elegido para el debut discográfico y que por tanto buena parte del material de "Strange days" se parece a un conjunto de descartes) representa, en sus mejores momentos, un paso adelante en el refinamiento de los paisajes sonoros y cierta voluntad de riesgo. Esto es especialmente notorio en "Strange days", la canción que lo inaugura y uno de los primeros usos del sintetizador moog en el contexto de un álbum de rock. La atmósfera lograda es tensa, y parece ocultar más de lo que ofrece, siempre de la mano de las imágenes en las letras de Morrison, con sus noches de piedra y sus espacios cerrados en los que algo siniestro está por suceder o acaso acaba de pasar.
El lado A del vinilo original era cerrado por "Horse latitudes" y "Moonlight drive"; la primera es un ejemplo perfecto del interés en ese momento de la banda y su productor (Paul Rothchild) por las atmósferas y la experimentación: con una máquina de ruido blanco cuyo resultado fue registrado variando la velocidad de la cinta y una serie de efectos de sonido se las arreglaron para crear un pequeño maelstrom, un vórtice de catástrofe oceánica en la que el poema de Morrison encaja tan bien como podrían haberlo hecho los momentos más oscuros de "Moby-Dick" o de "La narración de Arthur Gordon Pym", después disipado magistralmente en el clima de ensueño o alucinación liviana y placentera de "Moonlight drive".
Por supuesto que el plato fuerte queda para el final del lado B, con la pesadilla noise que hace a buena parte de "When the music's over", composición que logra ir más allá de "The end" en sus paisajes desoladores y dementes; si hubiera que pensar en dos o tres obras maestras de The Doors, esta pieza sin duda debería integrar la lista.
Lo más flojo del disco está en las pizas que cabría pensar como "de relleno": "You're lost little girl" y "I can't see your face in my mind", sin embargo, logran definirse como momentos de cierta melancolía neblinosa que no carecen de interés; no sucede lo mismo, lamentablemente, con "My eyes have seen you" y "Unhappy girl", que suenan a una versión todavía más cansada de lo menos interesante del álbum anterior. Quizá estas cuatro canciones son las que terminan por delinear a "Strange days" como un disco menos satisfasctorio que su predecesor, pero "People are strange", en la apertura del lado B, y "Love me two times", que sin ser estrictamente deslumbrantes (es llamativo, en todo caso, el sonido cabaretero de la primera; la segunda es un blues simple que se beneficia enormemente por la textura del clavicordio tocado por Manzarek) hacen fuerza por levantar un nivel en última instancia hecho estallar por "When the music's over".

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