jueves, 13 de abril de 2017

"Zuckerzeit", Cluster, 1974, Brain

Si bien continuaba la línea de exploración de instrumentos estrictamente electrónicos tan notoria en los primeros dos álbumes de la banda, el tercer trabajo de Cluster propuso una todavía hoy fascinante fusión de avant-garde y pop, con momentos tan edulcorados como lo que queda sugerido por la "era del dulce" del título. Las composiciones acusan ritmos marcados y en líneas generales accesibles -lo cual, en rigor, se complica un poco llegada la penúltima pieza del lado B, "Rotor", que propone un polímetro intrincado y sin resolución aparente, superponiendo compases de 5/6, 7/8 y 4/4- y, especialmente, melodías dispuestas en un luminoso primer plano. Este gesto es acaso rastreable al trabajo inmediatamente anterior (sesiones de grabación entre junio y noviembre de 1973, mientras que las de "Zuckerzeit" datan de enero del año siguiente) de Roedelius y Moebius con Michael Rother, en la primera formación de Harmonia y para el lanzamiento del primer álbum del grupo, "Musik von Harmonia" (1974). Otra forma de decirlo, por supuesto, es anotar la influencia de Rother, pero dada la importancia más notoria que adquieren los sintetizadores en las grabaciones posteriores de Neu!, está claro que el duo de Cluster ejerció también su influjo en el guitarrista.
El lado A comienza con "Hollywood", equipada con una batería programada y una secuencia de sintetizador; los acentos de la batería sugieren pequeños polímetros aquí y allá, o, mejor dicho, difuminan un poco las pautas rítmicas, generando una cierta inquietud que atraviesa la pieza completa y se expande en cuanto a textura con la entrada, hacia 2:30, de fraseos de sintetizador en el registro más agudo, que expanden notoriamente el panorama sónico de la pieza.
Con un ritmo más marcado y una línea de bajo virtualmente postpunk suena "Caramel", una de las composiciones más urgentes e insistentes del disco, que sigue la pauta de su predecesora a la hora de instalar una pauta rítmica básica y luego abrirle la textura con el ingreso de frases o incluso melodías de sintetizador.
El corazón del lado A es "Rote Riki", la más extensa de la selección y una suerte de mirada hacia el pasado de Cluster (y más allá, hacia las épocas de Kluster, cuando a Moebius y Roedelius se sumaba Conrad Schnitzler) con su sonido ambient oscuro y opresivo; la pieza es notoriamente menos narrativa que sus predecesoras, en tanto apenas evoluciona a lo largo de sus 6 minutos. Lo que sí acontece es la irrupción -hacia 6:00- de un ruido similar a un latido o pulso, por momentos tan despegado de la mezcla de instrumentos que logra parecer algo completamente extramusical, una suerte de accidente de grabación.
"Rosa", a continuación, funciona como una suerte de respiro: un ritmo sencillo, una línea melódica reiterada y una atmósfera que va construyéndose de manera lineal, ganando riqueza de timbres y capas de textura.
El lado B continúa esta pauta y dispone composiciones en la línea de "Hollywood" y "Rosa"; acaso la más fascinante sea "Fotschi Tong", a la que sigue "James" otra propusta dark ambient, equivalente -aunque notoriamente más breve- en el lado B a lo propuesto por "Rote Riki" en el lado A. Del mismo modo, sigue "Marzipan", una pieza considerablemente más melódica y luminosa, aunque, a diferencia de "Rosa", relativamente poco narrativa y más ambient.
De alguna manera ambos lados del vinilo, hasta acá, son -mutatis mutandis- variaciones sobre la misma pauta estructural, con "Hollywood" (A) equivaliendo a "Caramba" ( B), "Caramel" a "Fotschi Tong", "Rote Riki" a "James" y "Rosa" a "Marzipan"; la sorpresa del lado B es la inclusión de dos (breves) piezas más, "Rotor", la más intrincada del disco desde un punto de vista rítmico, y "Heiße Lippen", acaso el momento más bello del disco con sus sintetizadores marcadamente similares al sonido de Rother y Neu!

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