"Hex enduction hour", The Fall, 1982, Kamera


Los primeros segundos de la primera pieza del cuarto álbum de estudio de The Fall diseñan el paisaje que ocupará al resto del disco: hay un bajo que parece una montaña de obsidiana y una caverna que cabe en una sala de ensayo. Y por ahí se mueven guitarras low-fi y estallan dos baterías, llenándolo todo de pedazos de ritmo. La pieza es compacta y fragmentada a la vez, de una manera tan misteriosa como ese espacio tan vasto como encerrado que convoca el sonido; después las cosas parecen enfilarse o enfocarse con el riff de "Jawbone and the air-rifle" y sus melodías de bajo, para que después el impulso se hunda en una atmósfera decadente y mala onda con "Hip priest". En "Deer park" la banda avanza como un robot que está aprendiendo a caminar y después, en las dos partes de "Winter" (cortadas por la cesura entre los lados del LP) el bajo entrega un pulso monolítico alrededor del que se arremolina una atmósfera de gran belleza y sugerencia, que en la segunda parte se adorna con coros agudos y fraseos de guitarra por encima o detrás de la rítmica low-fi. Hay después algo así como un rock entre muchas comillas, paréntesis y guiones y, el disco enfila hacia su final con el cuasi-drone de "Who makes the nazis?" y sus voces mongoloides o bestiales o ambas cosas. Y, extrañamente o quizá no tanto, porque todo en este álbum parece sorprender (especial y paradójicamente a la segunda o tercera o cuarta escucha), las dos últimas piezas aportan un clima insistente y tenso y oscuro ("Iceland"), que parece remitir a la Velvet Underground o a Can en una tarde de resaca, y a otro riff/pulso abrumador, que además se prolonga por más de 10 minutos ("And this day").
Y después están las letras, por supuesto. Mucho se ha escrito y hablado sobre el realismo mágico pagano postindustrial de la banda, pero la imagen que arman las letras está lejos de agotarse en esos elementos, o en una única manera de presentarlos. Están por ejemplo la narrativa de "Jawbone and the air-rifle", con sus alusiones a "The wicker man" o a "La sombra sobre Innsmouth", y la lucidez política apabullante de "Who makes the nazis?", además de la tremenda red de citas, apropiaciones y alusiones a lo largo de todo el disco. Pero el grado último de la complejidad está, sin duda, en la articulación de las letras (que van desde el hermetismo hasta el preciosismo de alusión literario, desde el asalto más literal y visceral hasta las metáforas retorcidas) con la musica deforme y tumultuosa, la cosa bizarra, grotesca, fea y sublime que no deja de amasar compás tras compás.
De alguna manera "Hex..." logra que cualquier cosa que se quiera decir sobre sus piezas parezca ridículamente insuficiente: su articulación final, entonces, está tan cerca de lo ilegible como de lo obsesionante.

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