lunes, 21 de agosto de 2017

"Let it be", The Beatles, 1970, Apple

Más allá de que el peor disco de The Beatles bien puede ser el mejor disco de la mayoría de las bandas que andan, anduvieron y han andado por ahí, y de que sin duda es fácil pensar que "With The Beatles" o "Please please me" (por nombrar los que menos me interesan de la discografía) son discos más intensos, más vivos, más influyentes e importantes, "Let it be" es un álbum no sólo disfrutable sino a su manera fascinante también, y no estoy diciendo esto en un plan "reescribamos la historia" o "rescatemos discos denostados" porque, reitero, "Let it be" es un disco de The Beatles y, en general, toda la discografía de The Beatles está a una distancia marcada del resto del rock/pop, así sea por el simple hecho de que The Beatles son y han sido el centro del canon y por tanto la regla con la que se mide lo demás en términos de pop/rock (hasta el punto que todo lo anticanónico en el pop/rock, krautrock y postpunk incluidos, pasa por medirse contra The Beatles y por, a la larga, volver a The Beatles). Pero, claro está, "Let it be" es el álbum del agotamiento, el álbum de una banda cansada y acaso estancada, el álbum confiado a un productor extraño al sonido clásico de la banda y que, en ese sentido -que podría haberse pensado como un experimento mágnifico- termina por resultar una dirección totalmente fallida, el álbum que ahora pensamos justamente como eso, un disco, un álbum, pero que debió ser en su momento más bien parte de un proyecto más ambicioso y biográfico que, por el agotamiento y por el cansancio y por las características en sí del proyecto, terminó por disolverse en malhumores y resentimientos (y una película y una edición de lujo del disco). Eso que abunda en "Let it be", es decir, y que no está en casi ninguna parte -musicalmente hablando, por supuesto- en el resto de la discografía.
Pero, cómo decirlo de otro modo, "Let it be" tiene grandes canciones. No sólo "Get back", con su camino retro delineado con una claridad insuperable y que inauguraría y/o consolidaría toda una zona conceptual del pop/rock (desde el retro rock en sí hasta el gesto tan reiterado y ya diría arquetípico de "la vuelta a las raíces"), no sólo la fragil majestuosidad del title track y no sólo el sonido reseco, devocional y de ultratumba de "Across the universe", sino también canciones tan conmovedoras como "Two of us", momentos de rock y hard rock tan evidentes como lo mejor de "I've got a feeling" y el extraño simulacro de vida de "One after 909". Es cierto que también está la melaza cursi de "The long and winding road" (que, en cualquier caso, tampoco queda mejorada con un arreglo más austero, aunque sí empeorada por el del álbum original) y las dos olvidables canciones de Harrison (alguien dará algún punto extra a "I me mine", pero no yo), además de los recortes -no necesariamente carentes de interés- de "Dig it " y "Maggie Mae" y, especialmente, una canción tan floja como "Dig a pony" (entre las peores de la discografía), pero el interés de "Let it be", más allá de la música que contiene, es narrativo: es el que se desprende de su lugar en el relato de la banda, es el que se nutre del conflicto ocasionado por la elección de productor y las decisiones tomadas por este, es el avivado por un disco aséptico e inane como "Let it be... naked", es la fascinación monstruosa de las horas y horas de grabaciones que aparecen en bootlegs, en "Anthology 3" y en el buenísimo (lo mejor de la propuesta por lejos) disco extra del ya mencionado "Let it be... naked". La discografía de The Beatles, digámoslo ya, necesitaba -si es que necesitaba o necesita algo- un disco así, una zona problemática, un enigma abierto y sin solución. O, en última instancia, un disco en el que más allá de todos sus problemas, aparece un humor a veces terrible, a veces cruel, a veces desolador, pero humor al fin, siempre.

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