sábado, 30 de septiembre de 2017

"Entities inertias faint beings", David Toop, 2016, Room40


Hace muchos años Ercole Lissardi me dijo que ya empezaba a irritarlo que tantas reseñas, al referirse a sus novelas, volvieran a la posible distinción entre erotismo y pornografía a modo de aparente condición previa para referirse a la obra en cuestión; para Lissardi, él ya había saldado el tema, al menos en cuanto a lo que tocaba a su trabajo, y estaba claro qué era una cosa y qué otra y en qué sentido dialogaban o, mejor, no dialogaban. En el caso de David Toop imagino que algo similar le pasará cuando se plantea la distinción entre "sonido" y "música", porque si bien parece una manera consabida y gastada de comenzar un reporte o reseña de algunas de sus obras, el propio Toop se encargó de saldar la cosa -una vez más, en lo que a su propia obra respecta-: "no me gusta la música", dijo, "amo el sonido, amo el silencio, pero la música en sí ya no me gusta más". La pregunta, entonces, después de toda preocupación por la sistematización de la música, pasa tanto por el sonido en sí como por la(s) manera(s) en que escuchamos; ambos temas, por supuesto, se superponen en la música ambient en tanto caso, que es más "sonido" que "música" -en el sentido de armonía, melodía y ritmo, obviamente, esa cosa que una vez repitió como un loro un sorprendentemente reaccionario Charly García- y que hace ineludible que pensemos en cómo la escuchamos. Si pensamos entonces a la "música" como cierta pauta organizadora de sonido que se escucha de tales o cuales maneras, en "Entities inertias faint beings" lo que termina por hacer Toop es integrar esa música -que irrumpe aquí y allá en frases de saxofón y de sarangi, por ejemplo en "Ancestral beings, sightless by their own dust", donde los pulsos del bajo funcionan como pauta rítmica desde la que el instrumento indio recién mencionado propone drones que se resuelven en fraseos mínimos. Pero, claramente, composiciones como esta recién mencionada operan en un contexto ambient o dark ambient (por más que a Toop no le gusta el término), en tanto crean una atmósfera en la que aparecen entidades sonoras al modo de cosas -piedritas, ramas, plantas, flores, animales, arroyos, estanques- que encontramos en un viaje, en un paseo por el bosque digamos; esas entidades pueden presentarse en tanto "musicales" o también "sonoras", y en última instancia Toop instala una suerte de espectro, desde lo estrictamente sonoro (un golpe no repetido, no pautado, que dice apenas su timbre, su cualidad sonora inmediata) hasta lo musical. Quizá "Ancestral beings...", en tanto presenta más amplia o generosamente ese espectro, sea la pieza más fascinante del álbum, pero en rigor todo él, todas sus partes, arman ese espectro, de comienzo a fin, y todo el álbum funciona indudablemente como más que la suma de sus partes.
Ese elemento extra quizá está también no solo en la apertura de ese espectro sino en la manera en que sus partes integrantes se relacionan entre sí, en los diálogos entre esas entidades, digamos. Acaso, en última instancia, ese sea un principio organizador "musical", y, con un mindset moderno y vanguardista, lo que logra Toop es, más que tomar partido por el sonido frente a la música, es ampliar tan tremendamente el concepto de "música" que, al final, habremos de entenderla como sonido organizado que nos plantea la pregunta de cómo hemos de escucharlo.
Y después están los géneros, por supuesto. Es inevitable no pensar en el fondo de "Sea slug" en términos de dark ambient: la pieza impone una emotividad al espacio donde suena y esa emotividad comulga con lo inquietante. Del mismo modo sucede con "Human skin and the stone steps", que perfectamente podría haber sido compuesta por Lustmord o RAAN o Sleep Research Facility.
Estas coordenadas genéricas, de todos modos, dificilmente funcionen en piezas como "For a language to come", "Things just went sour gradyally all at once" y la apertura "Dry keys echo in the dark and humid early houors" (los títulos de Toop, por otra parte, son magníficos; no en vano es un escritor fascinante, como dejan claro sus libros "Resonancia siniestra" y "Océano de sonido"), que una y otra vez erosionan la posibilidad de ser escuchadas en tanto "ambiente". En última instancia, la expresividad del término "faint beings" ya nos prepara para un disco poblado por entidades sonoras efímeras y hermosas. El juego de Toop está también en dislocar la mimesis sonora, la referencialidad. ¿"Sea slug" se propone invocar sonoramente a un caracol marino o, más bien, más allá de su título, crea una criatura que no existe en la naturaleza y "suena" así? ¿Lo debemos escuchar como "el sonido hecho por" esa criatura o se trata de una suerte de cinestesia compleja en la que una cualidad del ser de esa criatura equivale de alguna manera a ese sonido? El disco de Toop, en última instancia, se pude escuchar desde esas dudas, y eso es una forma de escuchar.

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