viernes, 29 de septiembre de 2017

"No New York", varios artistas, 1978, Antilles

Kafka y sus precursores: el postpunk inventó de una vez y para siempre al punk. Pero en 1977 el panorama era más complejo, porque entonces operaba también ls no-wave. Y la no-wave hace ver a los paparulos de Sex Pistols (salvo a Lydon, que pronto exhibiría otras credenciales al subirse al carro del postpunk) como un montón de ingenuos optimistas.
Musicalmente al menos, porque basta con escuchar el documento definitivo del movimiento, producido por Brian Eno -quien se limitó a decidir cosas como que todo se grabaría en vivo, sin separación de instrumentos, y que si se aplicaban efectos se haría también así, en la inmediatez total- para entender que la verdadera revolución estaba en otra parte, como suele pasar. Y no se puede olvidar la declaración de Lydia Lunch, al frente de Teenage Jesus and the Jerks: el punk no era otra cosa que riffs de Chuck Berry acelerados. ¿Y a quién pueden importarle ahora los riffs de Chuck Berry salvo en honor de cierta autenticidad de rockerito que sólo sirve para encubrir un ímpetu reaccionario o, en el mejor de los casos, retro?
Es cierto: el disco producido por Eno representa solo a 4 de las bandas no-wave, y deja por tanto de lado, entre otras, a Theoretical girls, The Gynecologists, Tone Death, Boris Police Band, Red Transistor y Terminal, que fueron consideradas en su momento pero finalmente no resultó viable un álbum doble más extensivo en su documento, pero basta con escuchar "Tunnel", la visión de pesadilla de los Mars, para entender que de hecho sólo con algo así ya era suficiente. Los proverbiales tres acordes del punk eran demasiado: esta era la verdadera no-música.
Es dificil pensar en la música contenida en "No New York" en términos de disfrute, y está claro que el punk le daba a los rockeritos precisamente eso (además de esa idea de "yo también puedo" que persiste como central al movimiento, lo cual revela su pobreza esencial), pero "Flip your face", de The Contortions, con sus idas y venidas de tempo y su parafernalia de aullidos y chirridos, es tan refinada en su violencia que hace imposible no maravillarse ante lo claro de la propuesta. Del mismo modo opera "Egomaniac's kiss", de DNA, con sus irrupciones de sintetizadores obstruidos, que parecen la venganza final de los videojuegos contra la humanidad, Polybius al frente. De hecho, esos sonidos eléctricos discordantes y estridentes terminan por hacer a DNA quizá lo más interesante del álbum (en la mitad de "Lionel", por ejemplo).
El lado A quedó a cargo de The Contortions y Teenage Jesus and the Jerks, y es todo él espasmos, golpes y ruido: la primera de las bandas es quizá lo más parecido a "música" que se oirá en todo el disco, pero eso sin duda se debe a que tienen una base rítmica más o menos comprensible en términos de "rock".
Las cosas son muy distintas en el lado B, que incluye composiciones de Mars y de DNA; la apertura, "Helen Fordsdale", es otro de los grandes momentos de la propuesta, gracias ante todo al aporte textural del bajo en conjunción con el ruido de las guitarras. Curiosamente, la apertura del primer aporte de DNA ("Egomaniac's kiss") logra parecer el momento más accesible del álbum, al menos hasta que aparece la voz de Arto Lindsay. Y, después, con "Lionel", toda consideración al usuario queda perdida para siempre.

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