martes, 24 de octubre de 2017

"2112", Rush, 1976, Anthem



Es posible que para 1976, cuando apareció el cuarto álbum de Rush y una de sus dos o tres obras maestras, el rock progresivo era (en su lado más formulaico) o bien un género entendido como un conjunto de técnicas asimiladas -herramientas a usar con algún fin que se pretendiera suficiente en sí mismo, digamos- o bien un callejón sin salida en el que se ha permanecido demasiado tiempo. Parte de lo que logra que "2112" supere ambas posibilidades y conserve todo su potencial de fascinación es que su lado B es un ejemplo maravilloso de hard rock tocado con sutileza y verdadera magia virtuosa, sin indulgencias ni otros exhibicionismos que los que hacen a la escencia del género; prog en los detalles, digamos, no en esquemas más amplios y consabidos.
Es decir: no se puede dejar de lado al title-track -uno de los mejores ejemplos de ciencia ficción en la música-, pero si funciona tan bien es en buena medida por su narrativa, por sus letras, y no por el gesto en sí de su estética musical, que repite de alguna manera a "Close to the edge", de Yes, que se le adelantó por tres años. Es cierto que "2112" se espesa más en hard rock y en metal, y que por eso es una conexión más notoria entre los 70s y el metal progresivo de los 80s tardíos y los 90s (es imposible pensar en Dream Theater sin Rush, y de hecho dado que Rush existe Dream Theater es una banda casi innecesaria) o, para decirlo de otro modo, una composición y un gesto estilístico que ha sobrevivido más y acaso mejor, pero su propuesta completa es tan literaria, si se quiere, que los otros componentes resultan un poco más tenues. En todo caso, la lógica que conecta sus secciones es la del prog en su mejor expresión: una conexión necesaria, no arbitraria, un desarrollo sostenido e interesante en sí mismo de ideas musicales. Pero en las piezas más pop del lado B opera otro tipo de disfrute, y creo que por allí cabría revalorar al álbum. Quizá "Tears" interese un poco menos -dejando de lado su textura de acústicas y sintetizadores y su bellísima melodía-, pero la atmósfera tensa de "Something for nothing" es estremecedora y el brillo pop de "Lessons" alegra el corazón tanto como asombra el trabajo de Geddy Lee en el bajo durante las estrofas. Quedan, por supuesto, las dos primeras canciones del lado, "A passage to Bangkok" y "The twilight zone" donde, me parece, está lo mejor del disco y lo mejor de Rush.

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