miércoles, 11 de octubre de 2017

"Blonde on blonde", Bob Dylan, 1966, Columbia


Entre los vinilos dobles pasados a CD simple acaso sea "Blonde on blonde" -entre los clásicos, es decir- el que menos parece "perder" algo con la traslación; a diferencia de "Electric ladyland", cuyo disco dos es casi un álbum completamente distinto (o en la manera en que nos esforzamos por pensarlo "el mismo álbum" es que la propuesta gana aún más que lo que da la calidad de su música), el de Dylan ve en la que media entre la primera de sus piezas y todo lo que sigue la mayor de sus distancias, seguida únicamente por la que separa a la inauguración del lado A del disco 2 del resto, y esta última -pese al comienzo estridente- es considerablemente menor que todo "Rainy day women #12&35" en comparación con las otras trece canciones del álbum.
Las otras diferencias no son tan grandes como, pongamos, las que acusaban "Ballad of a thin man" y "Desolation row" en el predecesor inmediato en la discografía, de modo que el doble "Blonde on blonde" parece un álbum más cohesivo que el simple "Highway 61 revisited", del que es algo así como la prolongación y desarrollo, tanto que Dylan parece haber alcanzado una intensidad tan deslumbrante que todo lo que compuso y grabó después debe ser o bien pensado como inferior o -mejor para él- la obra de otra persona. El Dylan de fines de 1965 y principios de 1966 (es curioso como hay pocas certezas en cuanto a las fechas de "Blonde on blonde", tanto las de grabación como las de salida, que algunos proponen en mayo de 1966 y otros en julio) parece una suerte de Rimbaud ante "Una temporada en el infierno" y "Las iluminaciones": después hay que callar y escribir prosa (cartas en el caso de Rimbaud), o poner en práctica aquello de ser otro. Y en el caso de Dylan medió un accidente un poco raro seguido de un replanteo estético tremendo, que terminaría incluso en la creación de una voz distinta, dos álbumes más tarde.
Quizá no todo "Blonde on blonde" sea tan deslumbrante, por otro lado, y en ese sentido los álbumes simples -como su predecesor- tienen en principio alguna forma de ventaja; pero es dificil decir dónde están esas caídas de intensidad, en parte porque parte de la atmósfera del álbum tiene que ver con una cosa dejada o relajada, que parece menos tensa o intensa pero que en realidad no es sino otra forma de concentración. Pasa, por ejemplo, en "Temporary like Achilles", salvo que se escuche más adentro de la canción, en el clima instrumental que arma el piano de Hargus Robbins, o en "I want you", salvo que se vea la canción desde un punto de vista ligeramente distinto al que parecen imponer otras y se la entienda como la obra maestra pop que es. Claro que "Just like a woman" y "Visions of Johanana" están o parecen estar en un plano distinto y absolutamente brillante, pero ambas parecen funcionar en una lógica estructural de que cada lado del disco doble tenga su centro de maravilla, y así parece ganar nuevas energías la bellísima "4th time around", cerca del final del lado C.
Esa lógica, de todas formas, no prevee un lado D dominado por una composición única, pero "Blonde on blonde", extrañamente, es lo que es también gracias a "Sad eyed lady of the lowlands", su canción más bella, elegíaca y dolorosa, cuya secuencia de acordes -ya como suena en las dos vueltas instrumentales de la introducción- parecen decir todo lo que venía diciendo el álbum. Es, digamos, un milagro, y no lo toca para nada que dure 11 minutos: no hay caida alguna, no hay ascenso alguno, sólo una suerte de estasis que no sabría en qué otro lugar de la historia del pop/rock -fuera de The Beatles, quizá, o de los instrumentales de "Low", o de la primera pista de "Music for airports"- podría ser encontrada.
Insisto: ¿qué hacer después de algo así? La discografía de Dylan, incluso con álbumes tremendos como "Blood on the tracks" o "Time out of mind", consiste en buscar fragmentos hermosos entre las ruinas de "Blonde on blonde".

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