"Stage", David Bowie, 1978/2005/2017, RCA/Parlophone



Es curioso ahora que en 1978 las reseñas del segundo álbum en vivo de David Bowie tendían a desestimarlo por su falta de, precisamente, sonido en vivo. Ahora es sin duda un documento impactante de una de las giras más fascinantes en la carrera de Bowie, en la que sonaron por primera vez en escena canciones de "Low" y "Heroes", y seguramente ese sonido claro, de notoria separación y poca profundidad termina por ser asimilado a cierta cosa conceptual que anima también a esos dos álbumes. Algo frío, si se quiere, o más bien desplazado, descolocado: una música que propone con gran elocuencia su ecuación de emotividad ajena a lo que se entendía por rock.
Es cierto también que el disco, ahora pensado en cuanto a sus versiones, hace alguna que otra concesión -necesaria, cabe pensar- a la escena, y así "Breaking glass"  es llevada a casi el doble de su extensión mediante repeticiones y una coda diseñada para la ocasión (la pieza había aparecido también como single en australia, y había sido llevada de 1:50 a 2:51 gracias a repeticiones); del mismo modo, "What in the world" pasa de 2:23 en "Low" a 4:25 en la versión de "Stage", mayoritariamente gracias a duplicar la canción, primero en plan reggae y después en el techno-pop de la versión de estudio.
El disco original de 1978 era un LP doble, que daba un caracter específico a cada una de sus caras; así, el lado A incluía versiones de canciones de la era glam ("Hang on to yourself", "Ziggy Stardust", "Five years", "Soul love" y "Star") reelaboradas para el sonido digamos "contemporáneo" de Bowie. Se trata de cinco versiones maravillosas, que renuevan -en particular en cuanto a "Soul love"- lo que habían ofrecido sus originales seis años atrás (un abismo de tiempo en los 70s). "Ziggy Stardust" es replanteada en un tempo más lento y el proto punk garage de "Hang on to yourself" es reescrito en plan new wave, para gran beneficio de la canción.
El lado B incluía tres canciones de la era americana, "Station to station" (y acá es especialmente destacable el trabajo noise de Adrian Belew, primera guitarra en la formación de esta gira), "Fame" (en una versión maravillosamente tensa y robótica) y "TVC 15", que también encuentra acá su mejor expresión.
Después, en el segundo LP encontramos, en el lado C, cinco de los instrumentales del par "Low"/"Heroes", todos ellos en versiones precisas y delicadas, y después "Breaking glass", para que el lado D concentre las canciones más propiamente dichas, entre ellas la ya mencionada "What in the world", junto a "Heroes" -especialmente bien recreadas sus triquiñuelas de estudio gracias a la guitarra de Belew y el violín de Simon House y los sintetizadores de Roger Powell-, una un poco descafeinada "Blackout" y, finalmente, "Beauty and the beast".
Pero este no era el orden de los conciertos de la gira, sino que fue ensamblado en el estudio para ofrecer una suerte de perspectiva evolutiva o retrospectiva. En rigor, los conciertos de los que fueron extraidas estas performances (en Filadelfia, Boston y Providence entre abril y mayo de 1978) presentaban un setlist más mixeado, que recién pudo escucharse (dejando de lado los bootlegs, claro) para la edición de 2005, remezclada por Tony Visconti.
De alguna manera, si bien sigue faltando el ruido del público, este remix alcanza mayor profundidad y espacialidad, lo cual no necesariamente es una ventaja a la hora de pensar a "Stage" como un disco singular. Pero sin duda la claridad del masterizado ayudó en su momento a presentarlo como una mejora con respecto a lo precedente, y de hecho fueron incluidas también canciones que no pertenecían al disco original, como "Alabama song" (que en rigor ya había aparecido como bonus track en el remaster de 1991, el último con la mezcla y el orden de canciones original), y unas excelentes "Stay" y "Be my wife".
Pero hay más: en el box set "A new career in a new town" (2017) figura un remaster del "Stage" remixado por Visconti, que incluye además dos de las canciones que faltaban (y se sabe que faltaban gracias a bootlegs de los conciertos que sirvieron de fuente), una buenísima "The jean genie" (con Belew disfrutando que se le pida que haga ruido) y una "Suffragette city" que suena exactamente como se esperaba teniendo en cuenta la manera en que habían sido reversionadas las canciones de la era de Ziggy.
"Stage", en sus tres versiones (es tan disfrutable el disco reordenado como el presentado siguiendo el setlist original), es un documento de primer orden de la mejor etapa de Bowie o, mejor dicho, de la encarnación en vivo de esa etapa; en su momento se lo criticó por su aparente frialdad, pero eso era parte del proyecto, y bastaba con escuchar "Low" para entenderlo. Lo mismo cabe decir de su sonido delicado y poco carnoso: Bowie siempre supo, después de todo, que la única verdad está en las superficies.

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