viernes, 27 de octubre de 2017

"Steel wheels", The Rolling Stones, 1989, Rolling Stones/Columbia

No cabe duda que el de 1989 fue el álbum de regreso de los Stones, al menos si lo pensamos desde el horrible "Dirty work" (1986) y el trabajo más olvidable de Jagger como solista en "Primitive cool" (1987) o la propuesta mucho más satisfactoria (para los fans) pero también más conservadora de Keith Richards en "Talk is cheap" (1988). A la vez, la comparación con su sucesor lo coloca unos puntos por debajo de un disco realmente fascinante, pero pese a que es sin duda un disco algo largo por demás y que (justamente por eso) incluye no pocas bobadas ("Break the spell", "Hold on to your hat" y, aunque logra sonar un poco mejor que estas, "Sad sad sad"), la idea de ofrecer en un único álbum más o menos todos los registros de la banda (como si se tratara de un compendio: nada brilla como los mejores ejemplos de su clase pero todo, en líneas generales, alcanza el nivel medio o, al menos, el de muestra), desde las baladas emotivas y algo cursis ("Almost hear you sigh", "Slipping away", "Blinded by love") al rock protorrolinga tattoyouesco ("Mixed emotions", la buenísima "Hearts for sale", que está entre lo mejor del disco, "Rock and a hard place") y algo parecido a "experimentación" con world music y alguna cosa más que parece mirar hacia el pasado sesentero de la banda ("Continental drift"). Como dije, ninguna de las baladas es "Angie" o "Wild horses", ni entre los rocks hay equivalentes de "Brown sugar" o siquiera "Respectable", pero no carece de interés "Continental drift", por más descolocada que suene en el contexto del álbum (salvo que, justamente, se piense en el disco como un muestrario). Tampoco los rock más digamos suaves están a la altura de, pongamos, "Tumbling dice", pero "Terryfing", que en el fondo es casi tan tonta como "Hold on to your hat", logra proponer algunos momentos de atmósfera interesante y sin duda "Can't be seen" se las arregló para ser una de esas piezas tan impregnadas del estilo de Keith Richards que parecen clásicos menores para los fans del guitarrista (es decir, aquellos a los que no los aburre la reiteración de la misma postura; a Jagger, al menos, le importa el pop de una manera más inquieta).
El disco sin duda quedaría mejorado sustancialmente si incluyera "Live wire" y "Sex drive" (en lugar de "Hold on to your hat" y "Break the spell", por ejemplo), pero más que pertenecer a la misma época las dos canciones incluidas al final de "Flashpoint" parecen más bien el testimonio del progreso -o regreso, mejor- de la banda.

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