miércoles, 18 de octubre de 2017

"Thick as a brick", Jethro Tull, 1972, Chrysalis


Creo que es extraordinariamente significativo que uno de los tres álbumes digamos ineludibles del rock progresivo -me refiero al quinto de Jethro Tull y su obra maestra- sea una suerte de parodia del género. Y quiero decir una parodia especial, en tanto lo que hace para establecer la distancia irónica con lo parodiado es simplemente exacerbar sus líneas fundamentales. Dicho de otro modo: para hacer el mejor prog hay que llevar al prog al demonio y de alguna manera encuadrar al prog, percibirlo como una entidad contorneada, ofrecer, en última instancia, una lectura definida del prog y así simplemente exagerarlo. Hay álbumes que quizá pueden ser percibidos como una "exageración" o incluso "ida al carajo" del prog -"Tales of topographic oceans", por ejemplo, un disco que adoro- pero que no logran alcanzar esa dimensión extra magistral de "Thick as a brick" (si hubiera que elegir uno de Yes para colocar a un lado del de Jethro Tull y de "In the court of the Crimson King" y acaso "The dark side of the moon" en el panteón sagrado del prog, sería "Close to the edge"); pasa, quizá, lo mismo con la discografía completa de Emerson, Lake & Palmer, donde hay cualquier cosa menos distancia irónica -y sí sumergirse en el prog, perderse dentro de su contorno y permanecer inconsciente de dónde se los encuentra.
Es decir: en "Thick as a brick" se entiende la pretensión conceptual del prog y se parodia eso mismo: el disco queda presentado como la adaptación musical -a cargo de Jethro Tull- de un poema escrito por un autor ficticio (Gerald Bostock) que es además un niño prodigio, y si el prog proponía composiciones largas, acá están las más largas posibles dentro de los límites del vinilo; es decir, una por cada lado. Nótese que Yes haría exactamente lo mismo pero multiplicado por dos, con "Tales of topographic oceans", pero queda claro que la serie 2x, 3x, 4x lo único que haría sería llamar la atención sobre esa x, o que con la x -lo que propone Jethro Tull- es suficiente. No era nuevo (ya había caras ocupadas enteramente por canciones: sin ir más lejos, la cara D de "Blonde on blonde") pero presentado de esta manera, y con el lenguaje musical del prog más voluptuoso, significa otra cosa, ajena a la bellísima pieza de Dylan.
Quizá la memoria retiene más fácilmente las secciones del lado A, lo cual equivale a decir que estas son las más memorables, al menos en mi experiencia y también a juzgar por la manera en que la banda editó "Thick as a brick" en versiones resumidas para tocar en vivo después del auge del prog. La versión descargable de la edición 40 aniversario incluso propone títulos para esas secciones (que serían 8, aunque algunas -1, 3 y 5 aparecen a su vez divididas en dos y una -la 4- en 3); así, creo que nadie podría dudar que hay  una belleza especial (maravillosa, concentrada, épica, gloriosa) en "Really don't mind", "The poet and the painter" y "What do you do when the old man's gone". Por otro lado, el comienzo arpegiado en acústica y la melodía folk medieval de la flauta  son, en su simpleza, el corazón del disco junto a los verso reiterados -que contienen todo un ethos musical- "and your wise men don't know how it feels / to be thick / as a brick"; de hecho, ¿en qué otro lugar late más claramente el corazón del prog que en la parodia de su modo de ser que dejan ver esos versos? Ser "thick as a brick", ser cabeza dura, ser el tonto de William Blake que por persistir en su tontería se convierte en sabio, estar a su vez cerrado herméticamente a otra cosa que no sea ese propio impulso musical, esa estética y esa manera de entender la música (y a la vez dispuesto a llevar esa estética a su máximo de posibilidades principalmente porque se puede, porque se tiene la técnica), ¿no es de algún modo el alma del prog?
Quizá por eso, por comprender esa alma secreta y declararla, "Thick as a brick" es el disco que es y ocpua el lugar que ocupa en el contexto del prog; pero, a la vez, esa distancia irónica (esa  tomada de pelo a la idea del álbum conceptual que no termina sino ofreciendo al álbum conceptual definitivo) le permite trascender los límites de su género y ser, simplemente, uno de los mejores discos de los setentas. Quizá porque, en el fondo, querer ser artista (o querer seguir siéndolo, o seguir cantando pese a haber perdido la voz) es de alguna manera inseparable de ser -y tantos "sabios" siguen por ahí sin entenderlo- thick as a... (repitan conmigo: Brick!)

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