viernes, 24 de noviembre de 2017

"Once more 'round the sun", Mastodon, 2014


"The hunter" y "Once more 'round the sun" escuchados uno a continuación del otro no sólo dejan claro que se trata de dos álbumes donde Mastodon reafirma todo lo que sabe hacer y sale en busca de más sino que, curiosamente, tratándose de discos de los que la banda señaló claramente que no son conceptuales (a diferencia de "Leviathan", "Blood mountain", "Crack the skye" y "Emperor of sand"), suenan de todas formas como si lo fueran. Es decir (retrocedamos un poco antes de avanzar), si todo álbum requiere una suerte de cohesión y el álbum conceptual es la expresión máxima de ella, los discos no conceptuales de Mastodon no logran evitar inclinarse hacia el lado de esa digamos "conceptualidad". Porque suenan cohesivos, narrativos y episódicos incluso si se proponen no serlo.
"Once more 'round the sun" se siente, canción tras canción, como un proceso, un recorrido. Empieza con la raíz thrashmetalera de la banda y la potencia riffera de "Tread lightly" y, especialmente, "The motherload"; pero la textura acústica del comienzo de la primera de las piezas mencionadas parece apuntar a que, más adelante, las cosas se complicarán. Y, si bien el metal sigue tronando en canciones como la impresionante "Chimes at midnight", poco a poco el álbum va disponiendo bajo otra luz sus momentos más melódicos, va echando mano a trucos pop/rock (los estribillos, siempre, pero también los cambios de vocalista dentro de la misma canción, las modulaciones dramáticas, los puentes) para convocar un sonido más extraño y sobrecogedor. Para "Asleep in the deep", con su intro que suena a Led Zeppelin pasado por los noventas (y con su arranque melódico de bellísima armonía), el disco pareció haberse desplazado, estirado hacia otros dominios sonoros. Y hacia el final suenan "Aunt Lisa", con su variedad vocal impresionante, especialmente a la entrada, en 3:30, de The Coat Hangers (Assjack), y "Halloween", a la vez que reserva para el final la textura de acústicas arpegiadas y eléctrica en la introducción de la impresionante "Diamond in the witch house", con sus voces tenebrosas de fondo y los efectos en la voz principal (a cargo de Scott Kelly, de Neurosis, invitado permanente de los discos de Mastodon).
El álbum jamás deja de ser convincentemente "metal", pero cuando toca otras posibilidades sonoras logra no tanto desplazarse hacia ellas sino, justamente, dilatar o expandir el concepto firmemente establecido de "metal". Y la manera en que cada canción opera en ese sentido parece articularse siempre en un todo, lo cual sin duda aporta a esa sensación de cohesión, de proceso.

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