martes, 7 de noviembre de 2017

"Baal" (a.k.a. "David Bowie in Bertolt Brecht's Baal"), David Bowie, 1982, RCA



Entre 1980 -la salida de "Scary monsters"- y 1983 -la de "Let's dance"- pasan tres años de especial interés en la carrera de David Bowie. La ausencia de álbumes es insólita: desde 1970 hasta 1977 no sólo había aparecido un álbum por año sino que en 1973 ("Aladdin Sane" y "Pin ups"), 1974 ("Diamond dogs" y "David live") y 1977 ("Low" y "Heroes") llegaron a salir dos, con 1978 como un descanso de labores de estudio marcado por la aparición de "Stage", hasta ese momento segundo disco en vivo. Luego fueron publicados "Lodger" en 1979 y el ya mencionado "Scary monsters" en 1980; pero ningún álbum apareció entre ese año y 1983, hecha la excepción no importante de varios compilados ("The best of bowie", de 1980, "Another face", de 1981", "Changestwobowie", de 1981, "Fashions", "Bowie rare" y "Superstar", de 1982 y tres más -"Golden years", "A second face" y "Prime cuts"- en 1983). ¿Cuál es el interés de estos años, entonces, aparte de esa ausencia de producción? Justamente la naturaleza de la producción que sí salió a la luz. "Scary monsters" había funcionado como la combinación más afinada entre un impulso experimental y digamos "artístico" (eso que se veía especialmente en "Lodger", "Low" y "Heroes") y una sensibilidad pop atenta a la confección de canciones atractivas; lo que siguió exploró esa línea y probó decantarse apenas un poco más hacia cada extremo de la fórmula. Así, los singles "Under pressure" (con Queen, salido en 1981) y "Cat people (putting out fire)" (de la película "Cat people", de 1982) parecen proponerse como acercándose -sobre todo el del soundtrack- hacia el atractor del pop, mientras que la joya casi oculta de la discografía completa, el EP lanzado en 1982, da uno de los saltos más antipop que se le conocen a Bowie, en tanto interpreta canciones de la obra "Baal" (1923) de Bertolt Brecht, más una (la impresionante "The drowned girl") que pertenece originalmente a "Das Berliner Requiem" y lleva además la autoría de Kurt Weill.
El interés de Bowie por la república de Weimar, el expresionismo alemán y el modernismo en general databa de algunos años atrás -toda la fase "alemana" se mueve bajo ese signo, pero también puede rastrearse a la gira de "Diamond dogs"-, pero encuentra en el EP "Baal" uno de sus momentos más deslumbrantes. Con el tiempo, de hecho, solo dos piezas ("Baal's Hymn" y "The drowned girl") se abrieron camino hacia el cuerpo del repertorio -y solo en los dosmiles, con los compilados "The platinum collection", "The best of David Bowie 1980/1987" y "Sound+Vision" en su segunda versión-, a diferencia del otro número Brechtiano de fines de los 70s/principios de los 80s ("Alabama song", grabada en las sesiones de "Scary monsters" y publicada somo single, aunque ya había sonado en la gira de "Heroes" en 1978), que tuvo digamos más representación en compilados y en giras. En cualquier caso, esas dos piezas son asombrosas: tanto en la textura instrumental (todos músicos de sesión junto a Tony Visconti en el bajo y el propio Bowie en la guitarra) como en la impresionante (y un punto alto de la carrera) interpretación vocal de Bowie. Pero en la misma línea operan las piezas comparativamente menores, "Remembering Marie A", y, especialmente, "Ballad of the adventurers", además de "The dirty song".
El origen del EP fue la versión de la obra de Brecht emitida por la BBC en marzo de 1982, con Bowie en el papel protagónico; este desempeño puede ser leído en el contexto del interés del Bowie temprano-ochentero por el teatro (que vio su punto álgido en su trabajo en la versión teatral de "The elephant man" de 1980) y por su proyección digamos "artística", que también incluyó un interés creciente por la pintura (aparecía pintando, por ejemplo, en el video de "Look back in anger", de 1979, y estallaría el interés por lo audiovisual en el de "Ashes to ashes", de 1980). Todo esto parecería irse al demonio cuando Bowie grabara "Let's dance" y se reconfigurara como una estrella pop masiva y un tipo digamos "normal", bronceado y deportivo (pero ¿alguien le creyó?); que los 80s siguieran con álbumes de bajísima categoría y sólo algunos singles excelentes no hace sino resaltar aún más el brillo de esos años del Bowie "artista", y de "Baal" en especial.

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