martes, 7 de noviembre de 2017

"Bringing it all back home", Bob Dylan, 1965, Columbia


No es que los anteriores no tuvieran maravillas ni que sea dificil percibirlos como los álbumes magníficos por los que fueron tomados todos o casi todos en su momento, pero el siguiente nivel -el del genio, digamos- en la discografía de Dylan queda inaugurado por la primera de sus obras maestras indudables y quinto álbum en la lista. Y que la primera canción sea el cuasi-rap cuasi-garage rock furioso de "Subterraenan homesick blues", línea después retomada en "Maggie's farm" (fácilmente legible como el quiebre definitivo de Dylan con la escena folk de protesta y por tanto con la izquierda humanista ingenua de su época, esa que todavía hoy, entre sus transfusiones de formol, sigue tarareando en sueños "Blowing in the wind" o "Masters of war") sin duda convierte a "Bringint it all back home" en el equivalente dylaniano de una piña en la cara.
Claro que el disco también contiene sutilezas, incluso en su lado eléctrico (el A; el B está ocupado por piezas de una sensibilidad más delicada y/o acústica, con la excepción de los arreglitos de eléctrica en la hermosísima "Mr.Tambourine man"); "She belongs to me" no tanto desde la letra (una especie de glorificación de la bohemia) pero sí en contraste con la precedente y "Love minus zero/no limit", la obra maestra pop (y por tanto beatle) del álbum más rockero de Dylan hasta ese momento.
Las dos canciones que siguen no aportan tanto al álbum, excepto porque "Outlaw blues" se reafirma en el lado duro y blues-rockero, mientras que "On the road again" hace lo mismo de manera un poco mas festiva y acaso irónica; pero el final del lado A, "Bob Dylan's 115th dream" es una maravilla autoreferencial (Dylan arranca solo con su guitarra y debe ser interrumpido para que la canción comience de nuevo con la estética del álbum, es decir con una banda eléctrica de apoyo) e intratextual (se parece muchísimo a "Motorpsycho nitemare", pero con banda de rock atrás), cargada desde su letra de imágenes surrealistas y plenas en referencias y alusiones (algo que Dylan llevaría a su paroxismo recién al cierre del álbum siguiente, con "Desolation row").
El lado B empieza con "Mr.Tambourine man", el Dylan más cercano a Rimbaud y más dulce musicalmente, con la acústica insistente decorada por constelaciones efímeras de eléctrica. Pero incluso en este lado más folk hay lugar para cierta furia reminiscente del lado A, y a eso se parecen -desde la emisión vocal, que llega a ser siniestra por momentos; desde el riffeo acústico insistente- "Gates of eden" y, especialmente, "It's allright, ma (I'm only bleeding)". Entonces, una vez más en el contexto del álbum, el cierre de lado es una maravilla que va más allá de lo esperado: el tono de desolación luminosa de "It's all over now, baby blue" es, emocionalmente, un momento irrepetible de la historia del pop/rock.

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