domingo, 19 de noviembre de 2017

"Heaven upside down", Marilyn Manson, 2017, Loma Vista/Caroline


Habría que pensar si allá por 1997 los esfuerzos por shockear que tan bien le rindieran a Marilyn Manson podían compararse con un futuro real, es decir este presente donde Donald Trump y tantos asesinatos de masas (por mencionar solo la punta del iceberg) asustan mucho más que cualquiera de las imágenes y sonidos que convocaba "Antichrist Superstar"; es decir, quizá tenga algo de sentido para Marilyn Manson volver a esa época y cargar el sentido de sus letras no tanto en la parafernalia gótica como en una observación política más literal, como si con toda aquella cosa de gusanos, metamorfosis y máquinas que destruyen el mundo se pudiera hoy, y con la mera repetición, significar algo mucho más urgente y real. En fin: salimos a cambiar al mundo y el mundo nos cambio a nosotros, Brian, lo cual no tendría nada de malo si no fuera por cómo está el mundo. Y esa nostalgia glam/dandy/decadente, que tan bien funcionara en "Velvet Goldmine" (es, en rigor, lo único que funciona bien en "Velvet Goldmine", ya que si se la ve como una observación de las carreras de Bowie e Iggy Pop la cosa falla por todos sus costados) y que tanto le sirviera a Manson a la hora de reescribir "The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars" como "Mechanical Animals" y su álbum ficcional implícito "Omega and The Mechanical Animals", parece ahora otra manera de hablar del presente. Entonces, ¿por qué no volver de alguna manera a aquellos sonidos? Y después de "The pale emperor", que era una suerte de retorno a la forma después de dos o tres álbumes digamos subestándar, "Heaven upside down" ofrece una buena dosis de goth industrial a la Marilyn Manson, sin mayores cambios pero, a la vez, porque así funciona la repetición, significando algo más.
Se trata de un álbum que quizá vale más la pena considerar en su totalidad que canción por canción; tomándolas por separado quizá no logran ser realmente fascinantes -en última instancia sí lo eran algunas de "Mechanical animals" y "Antichrist superstar", quizá incluso también de "Holy Wood (in the shadow of the valley of death)"-, pero al integrarse al proyecto general del disco logran brillar. Hay cosas que pueden parecer más que obvias en "Saturnalia" y "Say10" (el juego de palabras "say ten"/"Satan" es algo simple como para machacarlo a nivel de estribillo, pero Marilyn Manson siempre se movió con comodidad en ese lado del pop donde un estribillo implica repetir el título del tema hasta que todo deje de tener sentido, quizá porque es una pretensión exagerada que estas cosas tengan sentido), pero las dos terminan por integrarse a un ambiente general en la memoria del álbum, que aparece después en "Heaven upside down" y "Threats of romance"; quizá si Manson atenua el potencial de shock al hacer algo que en rigor ya hizo -y varias veces-, se vuelve necesario que sea en el sonido (y en las letras, de ahí lo más politizado del disco) donde se muevan propuestas más sorprendentes, y así es, de hecho, como funciona "Heaven upside down". En cierto modo, este disco podría ser a la discografía de Manson lo que "The next day" fue a la de Bowie: el disco que logra, aquí y allá, alcanzar el nivel medio del mejor momento del artista en cuestión. Habrá que ver si el futuro convoca el equivalente a un "Blackstar".

No hay comentarios:

Publicar un comentario