sábado, 4 de noviembre de 2017

J.S. Bach, conciertos para clave, versión de Ensemble Orchestral de Paris (Jean-Pierre Wallez), 1981, EMI


Si bien desde el punto de vista de un purista la única opción preferible es escuchar los conciertos para clave y orquesta de Bach en un instrumento históricamente correcto, es cierto que la sonoridad incorporada por el uso del piano puede aportar al disfrute de estas piezas. Es, inevitablemente, una relectura o reinterpretación de las composiciones en cuestión, pero dado que estas -me refiero específicamente a los conciertos para clave y orquesta- son en sí reinterpretaciones o reescrituras del propio Bach de otras obras de su autoría, el juego queda de alguna manera habilitado. No cabe duda que quienes prefieran confiar en la idea de estar escuchando a Bach como él mismo habría escuchado sus composiciones preferirán siempre el sonido del clave -y, por supuesto, también los otros instrumentos representados por reconstrucciones informadas históricamente-, que aporta esa fragil austeridad a estos conciertos, pero, a la vez, la resonancia del piano logra conmover casi siempre. Las versiones a cargo del Ensemble Orchestral de Paris conducido por Jean-Pierre Wallez, grabadas en 1981, editadas por EMI Classics y con Jean-Philippe Collard, Gabriel Tacchino, Michel Beroff y Bruno Rigutto al piano, son magníficas en su sonido, en la brutalidad de algunos acordes, en la resonancia de los pianos entrelazados en algunos pasajes y, en general, en su textura voluptuosa y cálida. Por ejemplo, en el segundo movimiento del concierto en la menor para cuatro pianos, BWV 1065, el diálogo que entretejen los pianos es sobrecogedor, dado que los músicos -completamente contra la idea de interpretación de época- aportan una buena dosis de expresividad que, en el contexto de un movimiento lento, sin duda permite una emotividad para nada fácil de lograr con claves.
Bach compuso (arregló sería un mejor término) catorce conciertos para clave y orquesta (más dos para clave, flauta y violín, uno de ellos en los Brandeburgueses), repartidos en ocho para un clave solo, tres para dos, dos para tres y uno para cuatro. Este último es, de hecho, un arreglo del concierto en si menor para cuatro violines (op.3 nº10, RV 580) del ciclo "L'estro Armonico", de Antonio Vivaldi, y es inevitable pensar que en su tercer movimiento, hacia el final, los cuatro pianos rockean.
El disco del Ensemble Orchestral de Paris incluye también los dos conciertos para tres claves (BWV 1063-64), en versiones sumamente disfrutables, a tempos apenas rápidos y bellísimo sonido, con una buena reverberación en los pianos y un adecuadísimo balance de volúmenes con la orquesta.

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