viernes, 10 de noviembre de 2017

"The man-machine", Kraftwerk, 1978, Kling Klang/EMI/Capitol


Si "Computer world" trata a la electrónica como un género en sí misma y "Trans-Europe Express" y -especialmente- "Radioactivity" la pensaban y proponían en función de un contexto experimental más amplio, le toca a "The man-machine" el lugar de trabajo de transición; y al funcionar de esa manera se permite reclamar para sí el título de obra maestra de sus autores, en tanto logra fundir el impulso más pop con el vanguardista y experimental de una manera tan brillante como lo haría, dos años más tarde, David Bowie en "Scary monsters".
La fusión, de todas formas, no es exactamente pareja u homogénea. Así, dos de las piezas del álbum son notoriamente más pop que las otras y funcionan de manera espectacular en ese sentido. Me refiero, por supuesto, a "The robots" y -en especial- "The model", ambas una suerte de rock riffero de tempo algo enlentecido y presentado con el gesto minimalista de reducirlo todo a estrofas en las que el riff funciona a modo de respuesta a los versos e irrumpe después una variante o elaboración de la melodía básica, resuelta en un arpegio también de perfil minimalista. Está claro que el ancestro inmediato en común a estas dos canciones es "Showroom dummies", del álbum anterior, y en cierto sentido funcionan como una depuración de esta.
Los elementos más ambient y paisajísticos aparecen con cierto empuje pop en casi todo el resto del álbum: "Spacelab" acaso pueda pensarse como el momento más brillante, en tanto logra mantener la impronta de las piezas más accesibles del álbum y ofrecer a la vez un ambiente y una textura interesantes en sí mismos, a la vez que alcanza a ofrecer de manera especialmente clara el tono general del disco, esa cosa retrofuturista o ucrónica de un futuro tal como había sido soñado apenas cinco o acaso diez años atrás, y que ya claramente no llegaría nunca. En esta línea suena también la equivalente (en tanto pieza central) del lado B, "Neon lights", más ligera y sutil si se quiere.
Los cierres de lado son los momentos más austeros y extraños, pero todavía queda cierto esplendor paisajístico o incluso cinemático en "Metropolis"; no sucede lo mismo con "The man-machine", que es pura aridez y minimalismo, con su secuencia industrial repetida una y otra vez. Se trata, cabe pensar, de lo más parecido a "Metal on metal" u otras zonas de "Trans-Europe express" que podía lograrse desde la estética del álbum, y en su potencia hipnótica logra que el disco cierre con una nota extraña, casi siniestra.

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