sábado, 4 de noviembre de 2017

"White light/White heat", The Velvet Underground, 1968, Verve

En pocos lugares la saturación y la distorsión logran alcanzar la belleza que se les impone desde el segundo álbum de The Velvet Underground. Y su momento clave es "Sister Ray", por supuesto, la pieza más larga grabada en el estudio por la banda y diecisiete minutos de una sola toma a dos guitarras (Lou Reed y Sterling Morrison), órgano (John Cale en un Voz Continental) y batería (Maureen Tucker). La textura es única: rugosa, áspera, gris, comprimida, estridente, y la pieza sigue y sigue y sigue. Hasta sus momentos de relativa quietud parecen operar como burbujas en un proceso químico, algo completamente no motivado, algo completamente natural, derivado en tanto música de las cualidades del sonido y no al revés. Es, qué duda cabe, un momento álgido del rock y de la música de la segunda mitad del siglo XX.
El resto del álbum es casi tan terrible y tan maravilloso, y termina por ser el más arduo y experimental de la banda, no por ello el menos disfrutable. Con la excepción de la encantadora "Here she comes now", todo lo demás es duro y ruidoso, puro noise/rock en 1968. En cualquier caso, la joya del lado A sin duda es "The gift", con su relato a cargo de Cale (escrito por Reed años atrás, se dice) en el parlante izquierdo y un instrumental rockero aparentemente improvisado en el derecho; pero está también el title-track, quizá la pieza más simplemente rockera del álbum (que suena a una extensión o derivación de "I'm waiting for the man"), y piezas acaso menores -en el contexto del disco, se entiende- como "Lady Godiva's operation" y "I heard her call my name", que en cualquier caso, sin dejar de lado la estética noise del disco, se proponen también como especialmente atendibles desde su letra. De hecho, es inevitable atender a esa dimensión, sobre todo cuando la canción que da el nombre al disco se propone reconstruir lírica y sonoramente (no voy a decir "musicalmente") el efecto de la metanfetamina, otra cuenta un relato que termina con un hombre en una caja y una puñalada involuntaria, y otra narra un intento de cirugía de cambio de sexo que sale mal. Es interesante, entonces, que a lo extremo de la propuesta (insisto: noise en 1968) se le sume un contenido lírico remarcado también como "extremo". Así, "White light/white heat" es, claramente, uno de los discos más arduos y terribles de la historia del rock, o al menos del rock de los sesentas/setentas, y una obra maestra tan indudable como ineludible.

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