jueves, 28 de diciembre de 2017

"De mysteriis dom. Sathanas", Mayhem, 1994, Deathlike Silence

Si seguimos a Eugene Thacker y su lectura del black metal en tanto género -articulada por la pregunta en apariencia simple sobre las connotaciones del término "black"- aparece una división en tres categorías: el black metal de resonancias paganas -una escena que, por cierto, para comienzos de los 90 empezaba a perfilarse y generaba cierto conflicto con la segunda de las categorías, que retiene algo de "old school"-, tipificado por discos como los de la trilogía de Ulver ("Nergtatt", "Kveldssanger" y "Nattens madrigal"); el black metal más "clásico", de corte satánico o satanista, y una opción al margen de la división anterior más cercana a un antihumanismo o transhumanismo -en lo filosófico- y al noise o el dark ambient en lo sonoro o musical. De esa línea más clásica y satánica sin duda que el primer álbum de Mayhem representa el momento más importante o acaso incluso arquetípico; curiosamente, más allá de toda la cosa demonológica, satánica o simplemente jodida del disco (e inevitablemente aparece la muerte del guitarrista Øystein "Euronymous" Aarseth en manos de Varg "Count Grishnackh" Vikernes), pasada la instancia fundacional o apuntaladora del black metal en tanto género, hay secciones de "De Mysteriis Dom Sathanas" (y también es casi inevitable señalar que estos satanistas no tenían bien aprendido su latín: el genitivo de "Satanas" es "Satanae", así que "los misterios de nuestro señor Satanás" debería ser "De mysteriis dom. Satanae", aunque, ¿a quién le importa declinar bien después de quemar una iglesia y meterle veintipico de puñaladas en pecho, cabeza y espalda a alguien?) donde el interés asoma precisamente por el lado de esa cosa no expresiva del dark ambient y el minimalismo: una apelación a lo que -si bien no lo es- suena como pautas de loops y vaciamiento del sentido expresivo derivado de la musicalidad. Así, el final de "Funeral fog" y buena parte de "Freezing moon", por referirse a las primeras piezas del disco, están estructuradas en la repetición mecánica de una figura de acordes en la guitarra eléctrica por encima del clásico desenfreno baterístico del género. Por supuesto que la repetición es esencial al pop, al rock y al metal, pero el gesto de Mayhem parece tensar el límite de lo consabido y empezar a llamar la atención sobre esa repetición misma: el loop por el loop mismo, como en la música generativa.
El disco no prescinde de gestos metaleros más rockeros, como al comienzo de "Pagan fears", pieza que aborda más cabalmente el black metal pasado 1:20, y es justamente a través de la construcción de una repetición obsesiva que se alcanza esa "blackmetalidad". O, también, el solo de guitarra (o serie de arreglos en plan solista) de "Life eternal", que desemboca en un riff casi thrashero.
Están también por supuesto, las marcas estilísticas más claras, las voces ininteligibles entre ellas, pero curiosamente ahí Mayhem apuesta por una variedad textural: las voces cambian pieza tras pieza, y hacia el final del álbum, con "Buried by time and dust" y el title-track, acaso lo mejor de la propuesta, no solo parece que se puede entender algo sino que las voces adquieren marcadamente otra sustancia y funcionan de otra manera en la textura. En "Buried by time and dust" el dramatismo en la emisión es mucho más marcado (más hacia el lado de la expresividad, precisamente), y en "De mysteriis dom sathanas" el remedo de letanías o lamentos que connotan el medioevo añade todavía más riqueza.

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