lunes, 18 de diciembre de 2017

"Holy Wood (in the shadow of the valley of death)", Marilyn Manson, 2000, Nothing/Interscope

En cierto sentido "Holy Wood (in the shadow of the valley of death)" es el álbum definitivo de Marilyn Manson, y no es de extrañar que, salvo el repunte algo tímido señalado por "Heaven upside down", sea fácil desestimar a los discos de 2003, 2007, 2009, 2012 y 2015 como notoriamente inferiores. Y se aparece también una suerte de narrativa: después de dos álbumes de alguna manera contrapuestos ("Antichrist superstar" y "Mechanical animals") pero también integrados a un relato más amplio, y después de la síntesis de ambos extremos y momento fundacional (porque el orden narrativo resultó ser el opuesto al de salida de los discos), a Marilyn Manson sólo podía quedarle reinventarse por completo o desaparecer, y lo que hizo -con "The golden age of grotesque"- fue más bien simplificarse, como si purgado de aquello que había que decir sólo quedasen estructuras vacías que giraron y giraron a lo largo de los dosmiles (¿una década que de alguna manera excluía a Manson como propuesta válida?) hasta que, por acreción, empezó -hacia "The pale emperor"- a conformarse cierta sustancia. No quiere decir esto que necesariamente después de "Heaven upside down" podamos esperar una reinvención completa y reformateo de Marilyn Manson -y por tanto una nueva obra a la altura de aquellos tres álbumes de fines de los 90s-, pero en la medida en que cambien los tiempos, si Manson persiste, quizá la mutación en el contexto convoque nuevos significados que puedan ser aprovechados. Es posible, de hecho, que algo de eso ya esté pasando; mientras tanto, "Holy Wood" es la última obra maestra indudable de la banda y su líder, y lo es en gran medida por su ambición sin equivalentes en la discografía: cuatro ciclos de canciones para diseñar un concepto narrativo, estético y -si se quiere- filosófico, acompañado de la mejor presentación física de un álbum lograda por la banda, cartas de tarot incluidas, y una voluntad abrumadora de más que shockear declarar una verdadera guerra. Retórica, por supuesto, en última instancia falsa, pero no por ello menos convincente. Es decir: uno por uno los componentes del álbum pueden despertar sospechas, pero todos juntos, por su coexistencia abrumadora, convencen.
Es inevitable pensar que esto ocurre también porque las canciones funcionan bien; ahí están por ejemplo "The nobodies" (en su simpleza casi minimalista y su bien tramado paisaje sonoro), "Coma black", "Cruci-fiction in space" y la impresionante "In the shadow of the valley of death", junto a piezas más directas y rockeras como "The love song" y "The fight song". Si bien el primer grupo de canciones mencionado acá resulta por lejos más interesante -y el segundo, en última instancia, desembocaría en los riffs esquemáticos de "The golden age of grotesque"-, está claro que "Holy Wood" se beneficia -y mucho- por la coexistencia de esa complejidad sonora post-industrial con un ímpetu más agresivo y rockístico.

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