lunes, 18 de diciembre de 2017

"OK Computer", Radiohead, 1997, Parlophone/Capitol


Uno puede pensar más o menos cualquier cosa sobre la discografía de Radiohead posterior a  1997 (por ejemplo, que "Kid A" es algo así como el "Low" de los noventas más tardíos) y también dudar que su tercer álbum de estudio sea efectivamente el punto más alto de su década, pero lo cierto es que "OK Computer" representa el momento más vasto y complejo de la banda, al menos hasta el presente (y se puede pensar que lo seguirá siendo, pero no me animaría a decir algo así). En cierto modo la fórmula es sencilla y consabida: se toma lo mejor de una etapa que se quiere dejar atrás y se lo 
dispersa en el contexto estético y musical de lo que se quiere hacer o lo que se busca hacer o lo que se quiere ver si se puede hacer, de manera que haya tanto lecciones aprendidas como vocación de riesgo. En cierto modo, todos los grandes álbumes que se apoyan en su costado pop antes que en sus evidentes rarezas ("Scary monsters (and super creeps)" es un buen ejemplo) parecen llamados a funcionar tan bien como "OK Computer", como si la fórmula, puesta en manos de músicos competentes, funcionara siempre. O quién sabe. Lo que está claro es que "OK Computer" sí que funciona: las atmósferas son sobrecogedoras, los sonidos llegan a ser espeluznantes y detallados y el aparato pop de sus mejores canciones es deslumbrante. Lo mejor de "The bends" parece llevado a su último estado posible de desarrollo (previo a la reiteración ya vacía, claro está) y ahí suenan "No surprises", y "Karma police", junto a "Let down" y acaso "Airbag" y "Climbing up the walls", aunque ahí, en su sonoridad cavernosa y low-fi ya se puede desembocar en "Paranoid android" y "Electioneering", los momentos más tremendos del álbum. Después suena la fase ambient o más marcadamente atmosférica, de gran belleza, desde "Subterranean homesick alien" y "Lucky" hasta "The tourist", que por momentos parece remitir al Eno de "On a far away beach".
Queda "Exit music", que pertenece y no pertenece al disco, que es acaso lo mejor jamás grabado por Radiohead o, quizá, la suma perfecta de todo lo que quería dejar atrás. Es curioso que sea fácil ver en un disco que su mejor canción es también la más fácilmente desligable de su contexto, o, en todo caso, la que requiere algo más de esfuerzo (por su emotividad más directa, su cosa más expresiva) 
a la hora de insertar en el contexto general, esa cosa que parece conceptual y que no resulta fácil de explicar ni de ver con claridad pero que se siente allí, como una atmósfera, el equivalente narrativo (o visual, o ideológico, o estético: ahí está el arte de tapa y del librillo, las referencias a Chomsky y a Philip Dick) de una pieza ambient.

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