jueves, 28 de diciembre de 2017

"The Jethro Tull Christmas album", Jethro Tull, 2003, Fuel2000/RandM

Sería un error, antes que nada, desestimar el hasta la fecha último álbum de Jethro Tull como un gesto meramente decorativo o trivial en la línea de tanta producción superflua relacionada con Navidad, desde aquellos especiales de The Beatles hasta el infame episodio de la saga Star Wars felizmente borrado de todo canon posible; para empezar, en su delicada tensión entre un compilado (de sus 16 canciones, 7 pertenecen a álbumes anteriores de la banda) y una propuesta estética definida (quizá el momento de la discografía posterior a 1980 más cercano al gesto folk de "Songs from the woods" y "Heavy horses"), además de un concepto clarísimo que parte de la cosa navideña, especialmente desde el uso de melodías tradicionales de la fiesta, tanto en el delicioso medley "Holly herald" como en piezas individuales como "God rest ye merry, gentlemen" (que en rigor también había sonado como parte del medley instrumental del disco 1 de "Bursting out"), "We five kings" (que reescribe "We three kings") y "Greensleved" (que retoma "Greensleves", pieza que, sin ser estrictamente un villancico, remite a ese fondo folk central al álbum y añade el matiz jazzero que ya había sonado en la versión de "Bouree" de "Stand up". De hecho, "Bouree" también es retomada en "The Jethro Tull christmas album", en un arreglo que juega más a connotar barroco -al comienzo- y que despues retoma el mood lounge jazzero (un gesto que luego Anderson repetiría en sus performances en vivo de la pieza hasta la fecha).
Las versiones de piezas del catálogo son espléndidas, delicadas y detalladas en sus texturas acústicas. Algunas podrán ser más satisfactorias que otras, pero terminan incluso por ofrecer una performance vocal más que digna de Anderson, quizá incluso de las mejores en la etapa ya más afectada de su desempeño (si bien, hacia 2003, todavía no había padecido la erosión de sus poderes como cantante que acusa en tiempos más recientes); se podría destacar "Weathercock", quizá simplemente porque el original de "Heavy horses" era magistral y esta versión le hace justicia bajando un poco el tempo y potenciándole cierta tensión que termina por invertirse en el juego sonoro y textural. También en esa línea suenan "Jack Frost and the hooded crow" (originalmente un outtake recogido en los bonus tracks del remaster dosmilero de "The broadsword and the beast"), otra maravilla algo oculta en la discografía de la banda muy bien representada en su reversión. Pero lo mismo podría decirse del par "A christmas song"/"Another christmas song" y de "Ring out solstice bells", más hacia el final del álbum. Y, sin duda, de la preciosa versión de "Fire at midnight" (originalmente en "Songs from the woods").
Lo curioso es que ni siquiera la calidad de las reversiones termina por cristalizar al disco en una suerte de compilado de regrabaciones: tan marcada es la personalidad sonora del disco que se lo escucha ante todo como un álbum, inevitablemente. Ahí quizá juegan un papel central las piezas nuevas, en particular "Last man at the party", que mira a aquella etapa folk de la banda desde un lugar completamente convincente y maduro, con algunas sonoridades cuidadosamente añadidas, tanto es así que parece tentador señalar a esta pieza como parte de ese conjunto de "lo mejor desde..." que álbumes interesantes pero no tan logrados -y no solo en Jethro Tull, pasa lo mismo, por ejemplo, con los discos de Bowie de los 90s- terminan por favorecer. En cualquier caso, "Last man at the party" logra pasar al frente entre lo más disfrutable de un disco que incluso tiene clásicos de la banda más que bien reversionados. Un poco por detrás queda "First snow on Brookyln", pero no se trata de una canción descartable, en lo más mínimo, del mismo modo que la buenísima "Birthday card at christmas", oportunamente colocada al principio del disco.
El final, con "A winter snowscape" (un instrumental compuesto enteramente por Martin Barre) es tan hermoso como intrigante, y parece cerrar el disco con un ligero componente de oscuridad y misterio.
¿Todo esto para decir que el álbum de 2003 de Jethro Tull, tan fácilmente pasado por alto, es lo mejor que grabó la banda desde "Crest of a knave" o incluso "The broadsword and the beast"? Quizá. Hay que pensar, por supuesto, que en su relación con la esencia construida o noción de "jethrotullidad" más consabida, el disco es tan conservador como cabe esperar de una selección cuya mitad es canciones ya clásicas de la banda; pero en la reconstrucción de esa esencia y en la factura de las otras canciones -las nuevas-, el álbum es tan satisfactorio como cabe desear, y de hecho si lo comparamos con "Roots to branches" u otros discos más "arriesgados", cabe pensar que ese riesgo presunto no es tan importante como para que pasemos por alto que, en rigor, no se trata de los mejores discos de la banda. En cierto sentido, entonces, el de navidad suma puntos en varias categorías.

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