lunes, 18 de diciembre de 2017

"The Matrix: music from the motion picture", varios artistas, 1999, Warner Bros/Maverick



Como OST es un poco extraño, porque incluye canciones que no están en la película -a la vez que faltan otras que sí están-, pero "The Matrix: Music from the motion picture" funciona maravillosamente bien como complemento del clásico neociberpunk de 1999. Hay, de hecho, una sensación inevitable de época: entonces, a poco de que llegara el mítico "año 2000" y de terminar el siglo XX (me cansé de discutir nerdosamente con quienes creían que el 2000 ya era el primer año del siglo XXI), la electrónica siniestra y oscura que conectaba piezas de rock/metal industrial lograba ensamblar la última imagen plausible del futuro. Después todo se desvaneció en el aire, supongo, pero la banda sonora de "The Matrix" podría entenderse como uno de los últimos paroxismos (¿su canto del cisne?) de esa fusión entre rock y electrónica que llegó a parecerse a una forma de vanguardia (dirán los puristas que no lo fue jamás, salvo en 1977, pero qué importa lo que dicen los puristas) mientras Bowie grababa y tocaba "Earthling", U2 produjo su último álbum significativo ("Pop") y, más cerca geográficamente, los Redondos desconcertaban a sus fans más hardcore con "Último bondi a Finisterre" y Radiohead se preparaba para su "Low", es decir "Kid A" mientras tanto Moby amasaba esa gran instalación de la electrónica en el pop que fue "Play".
Las piezas "meramente electrónicas" -en oposición a las industriales o metaleras- son casi todas de primer orden: "Clubbed to death", de Rob Dougan, la ya clásica "Spybreak", de Proppellerheads, "Prime audio soup", de Meat Beast Manifesto, "Leave you far behind", de Lunatic Calm y la impresionante "Mindfields", de The Prodigy, de 1995, 1997, 1998, 1998 y 1997, respectivamente. Acá, entonces, la de Rob Dougan funciona como una suerte de comienzo a esa llamémosla "fase" de la electrónica en el pop/rock, y entre esos años de 1995 y 1999 se gesta el paisaje luego reunido por la banda sonora de The Matrix. Y ese es el principal mérito del álbum: dejar bien clara la conexión posible entre todas esas piezas, entre ellas y su época, entre ellas y una estética y una ideología.
Los momentos rockeros o metaleros funcionan muy bien en el contexto del disco y también de la película; el mejor ejemplo sin duda es "Wake up", de Rage Against the Machine, que retrocede hasta un ya entonces lejanísimo 1992 (está en el álbum debut de la banda) y de alguna manera propone que había algo de profético en aquellos sonidos; del mismo modo "Dragula" -del álbum debut de Rob Zombie solista, acá en el remix Hot Rod Herman- destaca tan claramente como "Rock is dead", de Marilyn Manson, que suena en los créditos finales. Pero están también "Du hast", de Rammstein, y una excelente "My own summer (shove it)" de Deftones, que entonces sonaban o estaban a punto de sonar como una suerte de línea primera del metal (o nu metal quizá, o alt metal).

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