jueves, 28 de diciembre de 2017

"Tin Machine", Tin Machine, 1989, EMI

Lo más sencillo -y no por ello menos acertado- que se puede decir de "Tin machine", el debut de la banda del mismo nombre o, según se lo prefiera ver, el decimo octavo álbum de David Bowie, es que se trata de un disco que Bowie necesitaba grabar pero que nosotros no necesitamos escuchar. Entonces, a partir de esta afirmación es que podemos llegar a algo más interesante; para empezar, la idea de la necesidad de Bowie de zafar del rock/pop comprometido con una noción básica de éxito comercial (el camino inaugurado por "Let's dance") podía desembocar en un retorno a ese campo art/rock intelectual y con pretensiones que vio en "Scary monsters" su mayor y más feliz fusión con el pop, y en principio Bowie había recultado a Reeves Gabrels (la leyenda cuenta que la esposa de Gabrels trabajaba en la gira Glass Spider y le dio a Bowie un demo que mostraba la técnica de guitarra de su marido) para, precisamente, indagar en un sonido experimental y de vanguardia. ¿Qué pasó, entonces? Que aparecieron dos patanes rockeritos, o sea los hermanos Tony y Hunt Sales (siendo justos tocaban muy bien y tenían además el pedigree de haberse encargado de la sección rítmica de "The idiot"); para ese momento Bowie había decidido que quería una "democracia" (años más tarde Gabrels diría sabiamente que para el rock lo mejor es una dictadura benévola) y por tanto que su nuevo proyecto funcionara en términos de banda. No era una mala idea -se trataba de algo básicamente inédito en su carrera posterior a 1970-, pero había, claramente, que elegir mejores compañeros de banda. Cuenta Gabrels que llegó al primer día de grabación para encontrarse a Hunt Sales jugando con un cuchillo y luciendo una camiseta que decía "Fuck you, I'm from Texas". Nada bueno podía salir de ahí.
¿Y nada bueno salió? En principio es dificil encontrar algo de interés en "Tin machine" (y ni hablemos de "Tin machine II" o del horrible álbum en vivo "Oy Vey Baby ") aparte de que efectivamente sirvió para frenar el proceso decadente de Bowie y empujarlo -como en un esquema de naves que aceleran entre planetas y usan la gravedad de estos para impulsarse- hacia los discos notoriamente mejores que estaban por llegar en los 90s; es decir: "I can't read", "Amazing" y el title-track no son un completo desastre, pero el resto -la horrible versión de "Working class hero", "Pretty thing" y "Crack city" como sus peores momentos- está sin duda junto a lo peor que grabó Bowie -o sea a todo "Tonight" descartado "Loving the alien", "Blue Jean" y acaso "Tumble and twirl", y también casi la totalidad de "Never let me down", su producción en particular-, y si no llega a ese nadir es porque -y acá los hermanos Hunt hicieron finalmente su aporte- al menos "Tin machine" suena vital y rabioso. En su momento era dificil verlo así (¿no sería todo otra pose de Bowie, hacerse ver con palurdos, dejar que hable un baterista incapaz de articular dos palabras con sentido al mejor estilo rockero argentino, etc?) pero en retrospectiva se puede pensar que hacia 1989 cierta crudeza rockera unida a un espíritu grunge todavía en ciernes empezaba a perfilarse como la alternativa a tantos raperitos pop y a las boy bands. Además, si valoramos el ímpetu de reinvención, "Tin Machine" corta drásticamente con todo Bowie: con el inmediatamente anterior (el artista pop agotado que no logra siquiera ser comercial con éxito) y con el de los setentas: no hay en toda la discografía canciones menos sutiles que las de Tin Machine ni letras más crudas y poco pensadas que las de "Crack city" o "Video crime" o "Under the god". Pero ahí estaba Reeves Gabrels y su guitarra, su manejo preciso del noise y las distorsiones más rifferas, y eso sería vital en "1.Outside", "Earthling" e incluso el más calmo "Hours". Es cierto que la relación Bowie/Gabrels también llegó a agotarse, pero para 1989 el guitarrista logró encauzar efectivamente a Bowie, pese a que nunca sabremos qué hubiese pasado si el proyecto original vanguardista hubiese recibido su oportunidad. Material para otra de las tantas ucronías de la biografía Bowie, sin duda.

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